Quizá ahora me resulte más fácil comprender que estas imágenes no hablan de una caída. Nacieron de un accidente que transformó mi vida física y mi manera de habitar el tiempo, pero nunca pretendieron reconstruir lo sucedido.
Son fragmentos de una experiencia vivida; un recorrido por un territorio donde el miedo, la incertidumbre, la luz y el deseo de permanecer se confundieron hasta hacerse inseparables.
Con el tiempo entendí que la memoria no conserva los hechos, sino la huella que dejan en nosotros.
No Muerte habita ese umbral.